¿Quién traduce?
La práctica de la traducción es muy variada. Todo el que hable dos lenguas puede traducir. Y los diccionarios dan la (falsa) ilusión de que basta abrir uno para encontrar en la otra lengua lo que queremos traducir. Traducir parece algo fácil, natural, que cualquiera puede hacer. Y a veces lo es.
Pero en ciertas ocasiones, es necesario recurrir a un traductor o intérprete profesional. Cuando se necesita traducir, por ejemplo, un documento técnico o jurídico, un contrato, un sitio web, un folleto turístico o un manual de algún aparato electrónico, entonces hay que recurrir a un traductor profesional. El traductor, en estos casos, deberá mostrar un excelente dominio de las lenguas, un excelente conocimiento de los temas sobre los que traduce, una inmejorable ortografía y calidad de redacción y, quizás lo más importante, habilidad para traducir. Estos son algunos de los elementos que muestran el grado de profesionalismo de quien traduce.
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En esos casos, entonces, es necesario contactar a un traductor profesional porque importa la calidad de la traducción. Es el traductor profesional el que podrá, en principio, solucionar los problemas que se le presenten: de comprensión del texto original, de reformulación del sentido de ese texto en la otra lengua, así como los problemas que plantean, por ejemplo, las referencias culturales, históricas, las alusiones, las connotaciones, etc.
Además, el traductor deberá tener que recrear el texto original de conformidad con las necesidades del cliente. Es decir, el traductor debe conocer el destino de esa traducción, ¿quién va a leerla?, ¿qué uso le van a dar?, el lector, ¿es un especialista en el tema o no? Las decisiones que tome el traductor van a depender de la función de esa traducción en la otra lengua.
Concretamente, el traductor debe garantizar la fidelidad de la traducción con respecto al documento o material original y, a la vez, debe tener en cuenta el uso que se le va a dar a ese material traducido. Estos aspectos, entre otros, permiten que se logre una traducción de calidad. Una publicidad que vende, un folleto que atrae turistas y un manual que se entiende claramente, sin que el lector o usuario de la traducción se dé cuenta de que está leyendo textos traducidos, lo demuestran.
Malas traducciones hay muchas.No es fácil que el cliente sepa (o pueda) valorar la calidad de una traducción. Especialmente cuando no conoce la lengua del documento o material traducido. Pero un traductor experiente sí se da cuenta cuando un texto lo tradujo alguien que no conoce el tema, que tradujo a una lengua que no es la materna, o por algún programa de tradución automática. Muchas veces una mala traducción pasa desapercibida. Pero cuando no es así, los riesgos son grandes.
Una empresa pone en juego su imagen en el exterior con una mala traducción. No solamente se debe tener cuidado al elegir los nombres de los productos que quiera vender en otros mercados (pueden ser ofensivos en la otra lengua, tener connotaciones no deseadas, etc.), sino también al comunicarse con otras empresas mediante traducciones o interpretaciones pues hay acuerdos comerciales en juego. El sitio web de una empresa es su tarjeta de presentación. Los folletos turísticos atraen turistas e impulsan todo un sector que puede ser crucial para la economía de un país. Las traducciones literarias juegan un papel importantísimo en cuanto a cómo se percibe el autor en esa otra cultura. Las malas traducciones, entonces, pueden significar pérdidas de negocios comerciales para una empresa, la pérdida de los ingresos por turismo o la pérdida de lectores para un autor, por no citar más que algunos ejemplos.
¿Qué espera? No lo dude. Consulte a un traductor profesional.
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